Municipalismo: el rapto y la recuperación de la democracia. Por Noel Fernández

Romped vuestros límites, haced saltar las barreras de lo que os constriñe, movilizad vuestra voluntad, exigid la libertad como un derecho, sed lo queréis ser. Descubrid lo que os gustaría hacer y haced todo lo posible por conseguirlo.”

Richard Bach

 

Hay una palabra que nunca tenían que haber sido robada a la gente de a pie: Democracia.

Todas sabemos su sentido etimológico proveniente del griego: poder (krátos) del pueblo (demos). Y quizás fueran las derivas causadas por los diferentes bloques geopolíticos, surgidos en el trascurso del siglo pasado, en el que las potencias capitalistas occidentales se autoproclamaron naciones democráticas libres frente a las comunistas autoritarias, las que cometieron este hurto.

Aún hoy ese linea interpretativa es sacudida por los tertulianos de las sobremesas.

En cualquier caso, para no adentrar en caminos laberínticos de la historia, lo que sí podemos afirmar es la fuerza que fue ganando este discurso maniqueo, asentado por los años y la repetición, que procuró una legitimidad en la clase dirigente. Un discurso que se apoderaba de la democracia, puesto que llegó el punto en el que solo unas pocas naciones, u hombres, o unas pocas formas de gobierno tenía el monopolio del poder decir la democracia, sus reglas, sus principios y como todas sabemos lo convirtieron en su juego, en su función, en su teatro para, en efecto, sus propios intereses. Porque las relaciones de poder no sólo están en las armas o el choque físico de porras y piedras, el poder moderno se articula también en los discursos, en las imágenes, en los símbolos.

No es de extrañar que frente a esa apropiación casi sistémica en un contexto de desmembración de la historia (donde la historia se atomiza, se desencadena, se olvida, se enmascara u oculta) los movimientos de resistencia nacían luchando y despreciando esa democracia capturada, que al final era toda la democracia a los ojos del cosmos social.

La democracia como discurso es un herramienta de legitimidad de poder, porque el poder en tanto que democrático emana del pueblo, de la gente. Quién hace convencer de su democracia ante los “ ojos de la sociedad” se legitima como representante de esa democracia.

Pero también está la democracia como herramienta, que es la configuración concreta de ese poder en leyes, normas y mecanismos. Y esa configuración se aplicará en base al concepto de lademocracia, a su discurso, a quién se apodere de ella y la legitime como tal.

En el Estado Español lo tenemos bien aprendido, la legitimidad del pacto del 78 deviene de la apropiación del cosmos democrático. Sus argumentos se han repetido como piedras inamovibles, sus argucias y estrategias se han reproducido cada año por la televisión pública en su aniversario. El rey necesario, el pueblo contingente; el golpe de estado; el fantasma de la guerra; la claudicación o aceptación del PC, etc. Y es que el nacimiento del monopolio de la democracia en el Estado Español está en esa imágenes viejas de un Carrillo fumando, un Suárez del consenso, el prometedor Felipe, un Rey contra un pistolero. Casi asistimos cada año al teatro o la escenificación caduca de un Cuéntame cómo paso…

Pero sabemos que es un cuento, un teatro que se muere o agoniza en sus mismos símbolos y funciones, como llegando al final del espectáculo, como pidiendo un último acto más. Las últimas traiciones del PSOE, mientras el 15m; la reforma de la constitución, mientras las Mareas; el entierro del Adolfo Suárez, mientras las Marchas de la Diginidad; la abdicación y coronación, mientras las plazas llenas, las detenciones y la represión… y tantos etcéteras de cada barrio y cada pueblo…

Y mientras ese mundo muere las resistencias se están trasformando en ofensiva y tienen la difícil tarea de trasformar la democracia, hacerse dueños de nuevo de ella, apoderándosela, para devolverla a la gente. Al demos el krátos. Recuperar el discurso de la democracia y hacerlo visible como propio al los “ojos del cosmos social” es sin duda, una de las funciones que debemos poner en primer lugar encima de la mesa en la candidaturas municipales que se están fraguando. Porque como bien acierta a decir esa frase del Municipalismo la democracia empieza por lo cercano.

Por supuesto, tendremos que aplicar medidas concretas e inmediatas para revertir las desigualdades, en lo económico, en los social y en lo público. Deuda legitima e ilegitima; servicios públicos; educación y sanidad; inversión sostenible y ecología; I+D; empleo; contra corrupción; y un largo etcétera.

Pero no nos podemos olvidar de la democracia como herramienta, como norma, mecanismo y ley. Y sin una configuración realmente participativa, popular, llevada hacia los intereses del procomún, será un simple discurso vacío, con meras acciones bienintencionadas que legitimen un poder y no los poderes de la gente. Será, en definitiva, una reproducción de la ya vivido. “No podemos resolver problemas usando el mismo tipo de pensamiento que usamos cuando los creamos”. Decía Albert Einstein.

Así, si hay alguna responsabilidad histórica, en aquellas y aquellos que creemos en un mundo mejor, es la de crear el discurso y los mecanismos democráticos que sean el referente de nuestros hijos e hijas y no la trampa que tengan que evitar, luchar o cambiar.

 

Noel Fernández

AUPA Alcorcón.

Ateneo Popular Alcorcón.

@NoelOtro.

A veces nuestro destino parece un árbol frutal en invierno. ¿Quien pensaría que esas ramas reverdecerán y florecerán? Pero esperamos que así sea, y sabemos que así será.

Johann Goethe

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *